Muchos tienen la idea bastante errónea (al menos yo, si lo pensaba así), de que cuando comienzan a desarrollar su espiritualidad, como por arte de magia la vida será color de rosa, el Universo conspirará a nuestro favor y demás chorradas new age.

La verdad es un poco bastante diferente; porque ya que estamos metidos hasta los codos en esto de evolucionar como seres espirituales descubrimos que no se trata nada más de vibrar en Amor, decir Namasté, leer y fingir que comprendemos grandes y simples verdades y luego sentarnos a esperar que el mundo cambie sólo porque nosotros ya entendimos (según nosotros, claro), como es que funciona todo. 
El Despertar duele, y cuando lo hacemos es desatar un efecto bola de nieve que arrasa con todo aquello en lo que creíamos y dábamos por hecho. Es como si el Universo se ensañara con nosotros y con toda su perversa intención nos pusiera el pie en la yugular y nos hundiera la cara en el lodo. Es un viaje sin retorno, porque jamás volveremos a ser los que éramos cuando lo iniciamos. 
Pero toda esa serie de eventos desafortunados tienen un porqué, un motivo y una razón de ser; y es la de cambiarnos, la de hacernos fuertes, la de sacarnos toda la mierda acumulada que traemos dentro para hacernos libres. Porque no es el mundo el que debe cambiar, sino nosotros; si nosotros cambiamos, nuestra realidad lo hace. Pero para que eso suceda, el cambio debe ser auténtico, debemos tomar acción, de nada vale decir que ya entendimos el porqué de lo que nos pasa y seguir haciendo exactamente lo mismo, pensando que sólo por pretender saber de qué va el asunto, sucederá un milagro y nuestra vida se resolverá. Si seguimos actuando de la misma manera, nuestra vida será la misma de siempre, no hay más por donde buscarle. No se trata sólo de cambiar nuestra mente, sino de tomar acción y traer a la realidad física eso que hemos entendido.
Cuando despertamos, los Dioses, los Espíritus Guías, el Universo o algún tipo de fuerza o energía superior, nos mandan toda esa suerte de problemas y contratiempos para sacarnos de nuestra zona de confort, para obligarnos a cambiar el chip, para actuar de manera diferente, para enfrentarnos a nuestra Sombra e integrarla a nosotros, porque es parte de lo que somos. Y es en nuestro momento más oscuro cuando por fin muchos entendemos que la hemos cagado garrafalmente y que ha llegado el momento de cambiarlo todo, de cambiar nosotros, de mudar la vieja piel y los viejos hábitos que ya no funcionan, de enfrentarnos cara a cara a nuestros miedos y demonios internos y quitarles el poder que tienen sobre nosotros. Es entonces cuando el verdadero Despertar comienza, ese que representa un salto de fé al vacío, cuando ya lo hemos perdido todo y ahora sólo podemos ganar, cuando le quitamos el control a nuestro Ego y nos dejamos llevar hacía aquello que necesitamos (que no siempre es lo que queremos). 
Y entonces sí, es bonito y se siente bien. Y es cuando somos capaces de experimentar el Amor más grande, que es aquel que podemos sentir hacía nosotros mismos. 
Pero si nos victimizamos y sólo nos revolcamos en nuestra propia mierda y nos lamentamos que porque nos pasa de todo, que lo que hacemos no sirve de nada, y que la vida y el mundo están en nuestra contra, y que estamos salados o tenemos mala suerte; todo seguirá igual. O se pondrá peor, hasta que agarremos la onda. El tiempo es relativo, y los Dioses lo tienen de sobra, nosotros en esta realidad, ni tanto.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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